Reconto de fin de año

De todas maneras soltar es algo que ocurre cuando adquirimos cierta seguridad en nosotros mismos. Cuando sabemos que valemos sin esa persona, sin esa culpa, sin ese enojo. Sin esos síntomas. Sin esa característica que desarrollamos para ser quien en verdad no somos.

Soltar tiene que ver también con permitirnos seguir el flujo continuo de la vida, una vida que en su naturaleza no hay espacios vacíos, es así que serán ocupados por lo nuevo.

Soltar es un proceso que dura toda la vida.

Juicios: tendemos a juzgar todo. Y en ese juicio nos encarcelamos porque no nos permitimos ver el todo. Nos limitamos al juicio.

En el acto de juzgar creemos tener la razón. Nos enceguecemos ante otras perspectivas, creyendo que la única válida es la nuestra.

El juicio es una trampa que muchas veces nos ubica en un lugar superior, pero es un sitio ficticio y al darnos cuenta, el golpe de la caída es fuerte.

Buscamos muchas veces tener la razón, levantamos banderas de guerra por y para tener razón, y son pocas las veces que elegimos bajar la cabeza, no por resignación sino por un bien supremo.

En época de fiestas también resulta común que se pongan nuevamente a la luz conflictos familiares. Muchas veces olvidamos las causas y sólo recordamos que hay conflicto. Son a veces difíciles los vínculos, de todas maneras no podemos esperar que los demás modifiquen sus posturas o caracteres para estar en paz.

Son fechas especiales. Es una verdadera oportunidad para tomar conciencia en qué lugar estamos parados. ¿Hay congruencia entre lo que queremos para nosotros y la forma en que nos comportamos?

La vida pasa rápido y no tenemos certeza de lo que vaya a ocurrir en la siguiente hora. ¿Si hacemos las paces con nosotros mismos? A veces olvidamos que somos lo único que siempre tendremos.

¿Y si hacemos las paces con la vida y por ende con los demás? Soltemos la creencia que nos ubica en un rol de superioridad, porque es difícil convivir en sociedad cuando todos nos ubicamos ahí.

No somos superiores ni inferiores a nadie. Somos todos iguales. Todos fallamos y todos fallaremos hasta el último día de nuestras vidas. Algunos nos especializamos en fallar en un rubro, otros en otro. Pero todos lo hacemos.

El secreto está en la atención. ¿Desarrollaremos una atención que se queda con lo que nos resulta nocivo? O una atención que busca superarse, busca el desarrollo de la creatividad para dejar de dormir en la automaticidad y despertar la conciencia al darnos cuenta de que siempre hay mucho más de lo que estamos viendo. Hay miles de opciones para interpretar la realidad, hay infinitas maneras que nos permiten sanar. Pero todas ellas serán inocuas hasta tanto no tomemos la decisión de hacerlas formar parte de nuestra vida.

Y en este preciso instante, ¿en donde está la atención? Es ahí donde está la vida.

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