Otoño, el Arte de Soltar

En este período de Otoño, cuando el follaje de los árboles se derrama en una paleta de amarillos, naranjas y ocres, la naturaleza misma nos brinda su sabiduría en “el Arte de Soltar”.

La palabra desapego suele ser considerada sinónimo de indiferencia, desinterés o falta de compromiso.  Pero apunta más bien, a una cualidad que permite establecer con las personas, con las cosas, y con  las etapas de la vida una relación  de autonomía , de autenticidad.

En su “Diccionario de la mente y del espíritu,” el linguista Donald Watson dedica una entrada a este término y lo relaciona con el abandono del ansia y del deseo, que, en la filosofía oriental, son  considerados generadores de dolor y sufrimiento.  Aún sin conocimiento de esta filosofía podemos percibir, en las propias experiencias, las consecuencias del apego, de la identificación indiscriminada.  No poder despegarse de una persona, de un hábito, de una idea, de un objeto., lleva a establecer con ellos relaciones de posesión  o de sumisión. Y tanto el posesivo como el sometido, pierden parte de su identidad en esa situación.  Para poseer hay que prestar mucha atención a aquello (o a aquel) que poseemos y depositar mucha energía que queda embargada en ese intento.   De hecho, en la sumisión se paralizan otras tantas potencialidades que nunca se desarrollan.

El apego es una actitud que nos deja, como la mujer de Lot, mirando hacia atrás, encadenados al pasado.  Mientras tanto, los ciclos de la vida se continúan sucediendo. Niñez, adolescencia, madurez, vejez.  Primavera, verano , otoño, invierno.  Comienzos, desarrollos, finales, siembra, cosecha, reposo , actividad. Contacto, retiro. Ingestión, procesamiento, asimilación, eliminación .  Encuentro, despedida. Amanecer, dia , atardecer, noche.  Inhalación, exhalación.  En donde observemos la vida, la veremos manifestarse a través de ciclos.  Nuestra existencia será más armónica en la medida en que acompañemos ese discurso.  Eso es el ciclo de una experiencia completada.  Cuando así  no ocurre, se impiden las próximas experiencias.  La vida ya no fluye, sus aguas se estancan.

El apego (a una relación, a una amistad, a una costumbre, a un espacio, a una actividad, a una idea, a una práctica) niega que el objeto del apego es ya tóxico y disfuncional.  John Stevens, otro reconocido gestaltista, apunta que “ las posibilidades del apego son interminables, e incluyen la idea de estar desapegado.  Y es siempre una señal de no aceptación, de no estar dispuesto a que las cosas sean como son”  El apego, en fin, traba nuestro andar por la vida, carga nuestro equipaje con lo innecesario, nos impide aprender el necesario arte de soltar.

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