Medicina tradicional china

Más de 4.000 años de tradición avalan los principios de la medicina tradicional china. Fitoterapia, dieta, acupuntura y técnicas corporales como el masaje denominado tui-na o los ejercicios de qi gong y tai chi son sus herramientas. Todas ellas confluyen en un mismo objetivo: equilibrar la energía vital para vivir en armonía con uno mismo.

La medicina tradicional china basa sus conocimientos en dos teorías: la del yin y el yang (fuerzas opuestas pero complementarias, cuyo equilibrio en la persona es esencial para su bienestar) y la de los cinco elementos de la naturaleza (tierra, metal, agua, madera y fuego) a partir de los cuales se crea un entramado de relaciones con los sabores, las emociones, las partes del cuerpo y las estaciones del año mediante ciclos continuos de generación y destrucción.

El yin y el yang. Yin incluye, entre otros conceptos, frío, humedad, oscuridad, pasividad, contracción, dirección descendente, sustancia, interior, femenino, tierra y agua. Yang abarca los contrarios, es decir, calor, sequedad, luz, acción, expansión, dirección ascendente, energía, exterior, masculino, cielo y fuego. Los órganos sólidos (pulmones, corazón, hígado, riñón y bazo) son considerados yin, mientras que los huecos (intestino, vesícula biliar, estómago y vejiga) son yang. La interacción entre el yin y el yang da lugar al qi, una energía vital que fluye por los meridianos o canales de todo el cuerpo. El qi, junto con la sangre, nos proporciona los componentes que necesitamos para sentirnos bien. Todas las personas tienen aspectos de yin y de yang, pero cuando se altera la dinámica entre ambos en el organismo y cualquiera de las dos fuerzas se hace predominante, sobreviene la enfermedad o los problemas emocionales. Las infecciones, los accidentes, la contaminación, una dieta incorrecta, los disgustos e incluso los cambios climáticos constituyen factores que pueden producir alteraciones en el equilibrio yin-yang.

Los cinco elementos. Las cualidades de cada uno de ellos pueden atribuirse a todo lo que existe en el universo, incluyendo las distintas partes de nuestro cuerpo. Los cinco órganos principales están asociados a los cinco elementos: corazón (fuego), pulmones (metal), bazo (tierra), hígado (madera) y riñones (agua). Al igual que un elemento apoya o inhibe la función de otro (el agua extingue el fuego y el fuego funde el metal), así un órgano afecta a otro: los riñones (agua) inciden en el corazón (fuego) y el corazón controla los pulmones (metal).

Las plantas medicinales, junto con la acupuntura, son un pilar fundamental de la medicina tradicional china. Las primeras fórmulas documentadas datan del siglo III a.C. Los conocimientos sobre las hierbas chinas se han transmitido, pues, de generación en generación y se han ido experimentando durante cientos de años. La fitoterapia china clasifica cada planta según su energía, sabor, dirección y efectos específicos sobre uno de los cinco órganos básicos. Existen cuatro energías (frío, calor, tibieza y frescor), cinco sabores (ácido, amargo, dulce, picante y salado), dos direcciones (ascendente y descendente) y cuatro efectos (dispersar, consolidar, purgar y tonificar). El sabor ácido tiene una acción astringente que concentra el qi; el amargo ejerce un efecto eliminador que desplaza el qi hacia abajo; el dulce es nutriente y armonizador, ralentiza el qi; el picante estimula, acelera y eleva el qi; y el salado suaviza y disuelve el qi congelado. En función de estos parámetros se pueden elaborar fórmulas que actúen selectivamente sobre determinadas partes del cuerpo y penetren en uno u otro meridiano dependiendo de los síntomas que se desean combatir. Así, por ejemplo, una hierba de acción ascendente se usaría para tratar un desorden calificado de “hundimiento”, como la diarrea.

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